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Reactor Numero Cuatro (Por Erlantz Vega) 
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Nota Reactor Numero Cuatro (Por Erlantz Vega)
REACTOR NUMERO CUATRO


Caía temprana la noche. El día casi ni había empezado. Yo me encontraba en el mayor desastre de la humanidad. En un infierno creado por el hombre, contra miles de enemigos, muchos de ellos invisibles. Siempre hacia frio, siempre había humedad, una humedad que se filtraba por los poros y te envenenaba el alma. Escritores, artistas, cantantes, directores de cine… todo el mundo quería servirse de este lugar único, de esta desgracia, y convertirla en arte. Muchos acabaron su recorrido antes de entrar. El ejército no tiene reparo en disparar a cualquiera que trate de introducirse en uno de los lugares más hostiles del mundo, pero ese no era el motivo por el cual lo protegían del exterior, no, este lugar era un punto débil, una herida expuesta, y no solo Ucrania corría peligro, todo el planeta estaba en su punto de mira.

Llevo muchos años viviendo en La Zona. Un lugar creado por uno de los accidentes medioambientales más graves de la historia. La explosión de una central nuclear bautizada como Chernóbil no fue nada más que la punta del iceberg. La arquitectura de la planta tenía errores estructurales gravísimos de los que se tenía conocimiento previo a su construcción, pero la guerra fría no parecía derretirse y era una carrera entre países que nadie quería perder. A Ucrania le salieron caras las prisas. En 1986 el reactor cuatro de la central explota por pruebas que simulaban cortes de suministro eléctrico en caso de guerra. Fue como abrir el gas y encender un mechero a ver qué ocurría.

Lo que les voy a contar a continuación no deben tomárselo al pie de la letra. Les estoy dando mi perspectiva, solo quien ha vivido lo que yo puede entenderlo al cien por cien, pero tratare de ser claro y preciso. Para ello tengo que remontarme unos meses atrás.

Yo estaba en medio de un trabajo. Uno entre tantos para ganarme el pan de aquel día. Un objeto mutado por la radiación para los científicos, un mensaje para un tipo, un paquete para otro, limpiar de mutantes esta zona… Lo de siempre. Fue entonces cuando, mientras caminaba, pude ver en la lejanía, entre una espesa niebla gris, a dos tipos dando una paliza a un pobre hombre. Yo disparé al aire para asustarlos. Se marcharon y dejaron a aquel tipo en un charco de su propia sangre. Esos dos hombres no eran como cualquier otro de este lugar. Llevaban trajes muy equipados. Demasiado para un simple hombre cuya única fuente de ingresos son recados mal pagados. No, debían ser del gobierno o algo parecido, pero ¿Qué demonios hacían los del gobierno ensuciándose las manos aquí dentro? Solo los científicos enviados aquí para investigación y desarrollo podrían llevar trajes anti-radiación así, y no solo radiación, tenían un sistema respiratorio de ciclo cerrado, chalecos de kevlar, en sus manos un fusil de asalto que nunca había visto por aquí… No se quienes eran, pero eran gente muy importante. El hombre que yacía en el suelo también debía serlo. Me acerque y trate de ayudarle a levantarse.

-Está bien amigo-

-Si, gra-gracias por tu ayud-ayuda- Le costaba hablar con normalidad.

-¿Quiénes eran esos? No parecían de por aquí.-

-Lo siento, te-tengo que marcharme-Decía mientras escupía sangre.

-¡Como demonios vas a marcharte! Casi no puedes ni respirar.-

-Tra-tranquilo, puedo so-solo.-

-Tú mismo, nos vemos.-

-¡E-espera, vale vale, te lo contare pero llévame a un medico po-por el amor de dios!- Decía mientras se quejaba de dolor.

Le llevé a el mejor medico que conocía, era un buen amigo, además era más barato. Temblaba mucho. El frio no ayudaba. Acabó una semana en cama, hasta que paro de toser sangre. Se recuperó poco a poco de dos costillas rotas y un hombro dislocado. Un día, cansado de esperar, me puse serio ante él y le pregunté sobre aquellos hombres y porque estaban dándole una paliza. Al fin y al cabo le salve la vida, me debía una y de las grandes.

-Esos hombres eran agentes del gobierno de los Estados Unidos. Están aquí para descubrir la verdad acerca del reactor cuatro. Tantas historias acerca de fenómenos paranormales les llamó mucho la atención, a pesar de conocer la existencia de seres vivos únicos mutados por la radiación. Creen que en el reactor cuatro se encuentran un arma de destrucción masiva que podría poner el mundo entero a sus pies. Se justifican diciendo que lo hacen para que nadie la utilice de manera indebida, pero si la encuentran, su intención será adueñarse del mundo. Todos los que lo han estado cerca se han convertido en un montón de polvo-

-¿Y que tienes que ver con tu con eso?-

-Porque yo estuve allí, la he visto con mis propios ojos. Fui un trabajador de la central. Conozco ese sitio como la palma de mi mano. Se lo que hay ahí dentro y te aseguro que no se resume a este mundo. Lo que Chernóbil ha incubado ahí durante todos estos años no es algo que el ser humano pueda comprender.

-¿De qué estás hablando?-

-Hablo de algo extraterrestre, hablo de algo que ha encontrado su lugar de nacimiento perfecto. Cosas del destino o quizás casualidad. El caso es que se dieron las condiciones ambientales perfectas, supongo, y algo entro en aquel agujero infernal y empezó a desarrollarse poco a poco. Algo cuya motivación desconozco, pero hazme caso, he visto esa cosa brillar en aquel infierno radiactivo. Las leyes de la física no funcionan allí. No pude acercarme mucho. Todos los objetos se elevaron como si nada y fueron lanzados hacia mí con gran violencia. Pude escapar con vida. Es, es algo increíble.-

Todo aquello me golpeo en la cara de una forma tan contundente que casi pude sentir la mano del desgraciado destino que me aguardaba clavando sus uñas ensangrentadas al tiempo que iba arrastrando sus dedos por mi envejecido rostro. Era difícil discutir sobre la credibilidad de sucesos paranormales cuando estas rodeado de mutantes y anomalías físicas. Sin embargo, Había algo que no me cuadraba en todo aquello. ¿Cómo pudo entrar en el reactor? El ejército protege esa zona como si el mayor tesoro de la humanidad allí se encontrara.

-¿Cómo demonios conseguiste entrar?-

-No escuchas. Trabajé en la central, conozco perfectamente el recinto.-

-¿Y qué hay del ejercito? –

-Cuando estuve allí, no había ejércitos, ni tipos como tú que se dedican a traficar con objetos mutados en el exterior. Fue en 1987, cuando el planeta aun estaba asimilando lo ocurrido, cuando aun estaban intentando comprender lo que había creado-

-¿Creado?

-El reactor cuatro es un ser vivo amigo…-

-Max-

-Bien, amigo Max, el reactor es un ser vivo. Es un mundo dentro otro mundo. Allí no hay leyes de ninguna clase. Según dicen, quien logra entrar muere, pero acaba en un paraíso. En su paraíso más intimo. Pero no es fácil. Al parecer no todo el mundo recibe la misma recompensa. O eso dice la leyenda. Lo único que se con seguridad es que lo que se encuentra allí tiene vida. Ahora, necesito descansar. Te agradezco que me hayas librado de esos tipos, pero teniendo en cuenta lo que sé, no tardaran en volver. Necesito poner orden unos asuntos antes de que vuelvan.-

-Ven conmigo.-

-No, lo siento, no quiero tener en mi conciencia la muerte de un hombre al que apenas conozco. Además, no viene mal que lo que yo se pase a otra persona. De esa forma esos cabrones no podrán callar la verdad de este lugar y su destino, pero ten cuidado, esa información es muy valiosa, puede costarte la vida.-

-Cuídate amigo. Por cierto, no se tu nombre…-

-Llámame Hryhoriy.-

-Mucha suerte.-

A la mañana siguiente no podía dejar de pensar en todo aquello. ¿Qué podía hacer? No tenía nada que ver con todo esto. Lo más inteligente era alejarme. Supongo que no era muy inteligente.

Pasaron 2 meses. Cogí todo lo que tenia. Me equipe con lo mejor que pude. No tenía ningún plan b. Si fracasaba estaría con un traje y unas armas carísimas, pero sin un duro para el futuro. Pero, ¿fracasar en qué? Iba a meterme en la boca del mayor monstruo que la humanidad había conocido para comprobar la existencia de otro, al parecer mayor. El plan parecía desmoronarse a medida que lo iba pensando cada vez más.

Y, a pesar de todo, comencé el viaje. Tuve que admitirlo. Fue un viaje único. Vi cosas increíbles. A pesar de mis años aquí, la zona siempre esconde cosas fascinantes. Una belleza mortal. Una hermosa mujer vestida de sangre y dolor. Cazar algún animal era lo único entretenido que se me presentaba, a excepción de las pocas ocasiones en las que gozaba de compañía en el trayecto y esta lo hacía más ameno. Las horas de soledad eran largas y el ambiente no acompañaba, caminaba entre aullidos de animales concebidos por una madre cuyo sistema estaba contaminado, el aire moviendo el polvo radioactivo, disparos que se disipaban en la lejanía, el eco de todo aquello se introducía en mi mente poco a poco, psicológicamente estaba en un estado avanzado de paranoia, como la melodía de una caja de música que con sutileza empieza a descender cada nota y que mentalmente sigues entonando…

Ahí estaba yo, caminando por aquel sendero de muerte, por el mismo cemento que pisaron miles de autobuses que evacuaron a tantos inocentes cuyas vidas nunca volverían a ser las mismas, eso con suerte. Militares que decidieron llevar a cabo una tarea suicida ya no solo por sus familias o por sus país, sino por el mundo.

Al fin tenia la central como horizonte. Me acerque con cautela, investigando la zona, reconociendo el terreno. Como pensaba, el ejército tenía la entrada principal totalmente vigilada y la valla que envolvía la planta estaba muy bien cubierta. Tenía que pensar rápido. No era seguro estar allí. De pronto, un camión militar se aproximaba a mis espaldas. Intentar ocultarme en el vehículo era más que apropiado. Pero ¿cómo? Entonces recordé mi última caza: Un cuervo que maté hábilmente con mi fusil y que colgué de mi mochila. Oculto detrás de unas piedras, espere a que el camión se pusiera delante de mí y lance el pájaro con todas mis fuerzas al parabrisas. Frenaron y el sonido del neumático me recordó a aquellos gritos que hace unos años envolvieron esta tierra en agonía. Aproveche el frenazo para ocultarme bajo el camión, no podía arriesgarme a que registraran la parte trasera y me abrieran un tercer ojo entre ceja y ceja.

Lo conseguí. Pude entrar. Llego la noche y el número de soldados era mínimo. Me encontraba sin apenas luz y en un lugar que solo conocía por imágenes. Necesitaba un disfraz para moverme con más calma. Empecé a observar a los soldados que paseaban dentro del recinto. Hasta que encontré uno que iba solo. Con precaución, le agarré por detrás y le dejé inconsciente. No era necesario matar. No por ahora. Me puse su ropa, le até de pies y manos y le puse cinta americana en la boca. Empecé a caminar como si nada y, para mi sorpresa, el soldado tenía en su bolsillo una PDA con un hermoso mapa detallado de la central. Sabía a donde tenía que ir. Parecía como si supiera lo que hacía. Como si tuviera un plan, pero solo me movía por una ligera idea, por una sensación, una corazonada o quizás por simple curiosidad.

Aunque mi uniforme me permitía moverme por el exterior, necesitaba una excusa para acceder al interior o, en cualquier caso, acceder sin que nadie me viera. Según la PDA, había un panel que controlaba el suministro eléctrico, pero esta vez no era el de la central, sino el que los militares instalaron para asentar aquí una base. La oscuridad se hizo con la central. Mientras los soldados intentaban averiguar cuál era el problema, me arrastre con sumo cuidado hasta acceder a los pisos inferiores. Tenía que subir y tratar de orientarme hacia el reactor cuatro. Los pisos tenían una estructura muy compleja, casi laberíntica, y era fácil perderse. Los letreros estaban oxidados e ilegibles. Además, debía tener cuidado con las patrullas que estuvieran en el interior y prepararme para cualquier otro tipo de sorpresa.

El edificio era como un recuerdo borroso. Me imaginaba la planta en pleno rendimiento, cientos de personas de un lado para otro, voces por todas partes, Miles de medidores, sirenas, protocolos, luces parpadeantes que señalaban el estado de una bomba de relojería. Tenía el corazón a cien con esos pensamientos. Las paredes crujían, las tuberías goteaban. Podía escuchar pasos que me desorientaban por el eco que producían.

Según la PDA, debía subir un par de pisos. Las escaleras se encontraban a la vuelta de la esquina. De pronto, me empezó a doler la cabeza. Pensé que sería la contaminación allí asentada como un asesino esperando a su víctima pacientemente, pero no, un pitido muy agudo empezó a taladrarme la cabeza. No tenía tiempo de reacción, si no hacia algo rápido me desmayaría y acabaría fiambre. Me di la vuelta al tiempo que preparaba mi fusil. Entonces pude ver de qué se trataba. Una criatura mutada, un ser que anteriormente fue humano. Una bestia con una cabeza desproporcionada y unos brazos grandes que acompañaban a un pecho y una espalda deformes, lo cual lo hacía lento. La criatura soltó un grito que hizo temblar la central. Aproveche el momento para ocultarme tras una pared. Se trataba de un mutante con la capacidad de manipular seres menos desarrollados, algunos podían incluso controlar humanos. No quería ser la marioneta de un monstruo. Me mentalice de lo que debía hacer. Acribillar a esa pobre bestia con todo lo que tenía. Me aseguré de tener cargado mi fusil y me preparé para asomar mi dolorida cabeza para apuntar y disparar. En ese mismo instante, justo antes de apretar el gatillo, empecé a escuchar pasos y voces muy cercanas. Volví a cubrirme. Para mi suerte, se trataba de 3 soldados que empezaron a atacar al mutante por la espalda. Por esta vez, me vino bien su presencia.

Aproveché el sonido de los disparos para correr con todas mis fuerzas y subir los pisos que me faltaban. Arriba el aire era más pesado. A pesar de mi mascara, podía sentir como el polvo se filtraba por mi garganta. Fui directo al núcleo del reactor. Sin parar. Sin mirar atrás. Tenía la sensación de que era todo o nada. De que no había vuelta atrás. Y ahí estaba, el núcleo del reactor número cuatro de la planta nuclear de Chernóbil. La radiación me estaba condenando a una muerte dolorosa y muy próxima, pero algo dentro de mí me decía que allí encontraría la solución, la solución para todo. Me dispuse a cruzar la puerta que se presentaba ante mí como un gran paso, como un salto hacia un abismo donde todo era caida. Con fuerza abrí aquella pesada puerta que parecía no haber sido abierta en años.

Fue entonces cuando me di cuenta de que no tenía ni la más remota idea de porque estaba allí. ¿Por qué no seguí con mi vida? No vivía mal, tenía algo que llevarme a la boca cada día, algo de compañía de vez en cuando, cada día era igual. Al pensarlo me di cuenta. Cada día era igual, todos los días eran fotocopias del anterior. No había motivación o reto alguno en mi monótona vida. Había intentado huir, borrarlo todo, no existir en el exterior para no ir a la cárcel, pero sin darme cuenta estaba en una. Venir aquí siempre ha sido una motivación que desconocía. Ahora lo sé. Tener un objetivo, una meta, algo por lo que luchar y levantarte. ¿Debía cruzar? ¿Merecía la pena dejar todo atrás? No podía darle más vueltas, sin quererlo ya había elegido. No estaba allí para dar media vuelta. Crucé la puerta.
Una luz intensa que me cegó y caí inconsciente. Tuve sueños y también pesadillas. En los sueños yo era un ángel sobre las nubes de un cielo de atardecer en el mar. En las pesadillas yo era un fantasma sobre mi propio cadáver en el suelo del reactor. Desperté. Recuperaba la nitidez poco a poco. La luz se había apagado. No estaba en la central. Estaba en medio de la nada. Estaba un enorme campo que se tocaba con el cielo en el horizonte. El sol hacía diamantes las gotas del roció. No comprendía nada. ¿Qué ha pasado? Me senté. Perdido, incluso desilusionado por el final de toda esta aventura. ¿Debía acabar así? No entendía nada.

Me levanté, sin tener rumbo. Metí la mando en mi bolsillo y encontré una nota “Bienvenido, eres el primero que viene a verme sin ningún objetivo material. Muchos han entrado aquí a pedir riqueza, inmortalidad, poder sobre los demás… Tú has venido aquí, al fin del mundo, para conocer la verdad. Estas aquí, en el paraíso, en tu paraíso. No estás muerto, simplemente no estás en su mundo. Disfrútalo. Tu familia te espera. Corre. Vive.”

Las palabras eran miel en mis agrietados labios. No sé donde estaba. No sé qué había pasado. Ahora una idea rondaba mi cabeza sin dejarme asimilar la realidad de lo ocurrido, siempre hay algo que merece la pena. Incluso un arma usada y demacrada por el paso del tiempo se puede volver a disparar. Me habían ofrecido una segunda oportunidad. Ahora esperaba cada día con entusiasmo pues un tesoro se encuentra en cada rincón... Observa la belleza de cada realidad. No nos podemos permitir el lujo de vivir en odio. No hay tiempo.
-Hola cariño ¿Cómo ha ido el día?-

_________________
...SI ELLOS TIENEN LAS ARMAS PARA CONTROLARTE, NOSOTROS ALMAS Y EL TIEMPO DE NUESTRA PARTE...
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